Ronny Mauricio recuerda el día en que Albert Pujols le construyó un play en su batey

Antes de los Mets, del bono récord y del Licey, hubo un play de tierra en Batey Alemán. El infielder dominicano contó cómo una fundación de Albert Pujols le cambió la infancia.
San Pedro de Macorís, RD.- Ronny Mauricio tenía siete años cuando el béisbol llegó de verdad a su barrio. Fue en 2008, en Batey Alemán, y quien lo llevó fue Albert Pujols. El pelotero de los Mets de Nueva York recordó esa historia en una visita a la redacción de Listín Diario, publicada este martes 3 de noviembre.
Caña cuando no había comida
La infancia en el batey fue dura. «Si no había (comida), me iba para el campo de caña a comer caña», contó Mauricio al periódico. Su padre, Carlos Mauricio, era considerado el mejor pelotero del barrio y fue quien le sembró el gusto por el juego. Pero jugar era otra cosa: «Se jugaba pelota, pero no había play», recordó.
Eso cambió con la fundación de Pujols, que reconstruyó el terreno del batey y dio vida a la Liga de Batey Alemán, según Listín Diario. «Cuando él llegó, él hizo la fundación, construyó el play, regaló un uniforme, regaló útiles», relató el infielder. Era la temporada de 2008, la misma en la que Pujols ganó su segundo premio al Jugador Más Valioso con los Cardenales de San Luis.
De la academia al bono récord
A los 11 años, Mauricio se fue a la academia de Carlos Guzmán. «Fue muy difícil, en verdad, porque tuve que separarme de mi familia», dijo. El esfuerzo dio fruto: en julio de 2017 firmó con los Mets como agente libre internacional por US$2.1 millones, un récord para la organización entonces, y debutó en las Grandes Ligas el 1 de septiembre de 2023, ante los Marineros de Seattle.
El camino no fue recto. El 12 de diciembre de 2023 se rompió el ligamento cruzado anterior de la rodilla jugando con los Tigres del Licey y se perdió toda la temporada 2024. Volvió a los Mets en junio de 2025 y en 2026 alternó entre Nueva York y Triple-A Syracuse.
Un play que sigue dando
La historia de Mauricio es la de muchos peloteros de San Pedro de Macorís, la tierra de los grandes campocortos dominicanos: talento de sobra y pocas canchas. Un terreno con bases, un uniforme y unos útiles escolares bastaron para que un niño de siete años del batey empezara a soñar en serio. Hoy, ese niño lleva el número 0 de los Mets.
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